Parábola del espantapájaros

Pausado el tiempo bajo la frívola sombra enmohecida de mi ser cual piedra, escucho tu vuelo lejano, alborotando estrellas, despertando inquietudes en prosa, en poesía, en canciones regaladas por la historia, espantapájaros despojado de su errabunda agonía, colgado de un madero, a la suerte y sin ella; mientras la sombra de lo que podría suponerse sigo siendo, se aleja entre los pastizales al tiempo que el sol cae en lontananza.
Una fogata puede acabar con el relleno de paja y corazón de madera, una chispa de esperanza podría ser fatal si tocase las entrañas; es por ello que aguardo ahí, colgado, inerte; sin mirada, con la oscuridad que consume las cuencas vacías, olvidadas.
A veces los fantasmas le dan vida a los días, con historias que no existen, con fantasías que aun no vuelan; alimentando el hambre de sentir, de saberse vivo, de creer… si es que aun se cree en algo estos días. Persiste el sueño de bajar de mi crucifixión y arrojar este traje derruido sobre la tierra, quitarme tanto polvo de encima, de dentro; acariciar el suelo con las manos, llorar hasta hacer lodo bajo mi sombra y cubrirme con el la cara; saborear la locura, reír a carcajadas y salir corriendo desnudo, saltando despavorido, cual espíritu errabundo en el desierto.
A veces sueño con sentirme humano, a veces confundo a Dios con el Diablo; o viceversa, -pero no se lo digas a nadie, que aun no he blasfemado-; a veces busco a lo lejos un paraíso, un mar que cuestione mi puerto y mi partida. ¿Que habrá ahí, donde se pierde el sol?
“Es necesario ir a buscar vientos alisos” cantaba un cuervo en mi hombro mientras yo aseguraba que no era la brújula la que enloquecía, era él quien poco a poco de razón se iba dispersando.
Muy arriba... arriba de mi, los buitres circundando vuelos solo esperan que del madero me desprenda y caiga, para volver a crucificar mis restos. No les importa de que estoy hecho ni lo que el tiempo de frente me restriega, solo buscan de quien alimentarse con lamentos hipócritas de misericordia: “triste, triste… triste; mira lo que de el queda”
Yo te aseguro, que este pedazo de tierra donde me encuentro clavado, no se encuentra en cartografía alguna de esta tierra, yo te aseguro con el corazón de madera en un clavo, que soy forastero en los parajes de la doctrina… Y se reconocer que, precio buscan ponerle a mi cabeza, restándole eternidad a mi dolencia; que pretextos busca uno para sentir menos culpa, jajaja… ¿con cuanta alevosía la soberbia me prepara emboscada a campo traviesa?
