Para eso viene uno aquí…

Solo es cuestión de conseguir un par de alas, de esas que te salvan del miedo; de esas que no fácilmente se adquieren en una tienda de segunda mano, por que además; no solo deben estar intactas de toda mano del hombre... deben ser blancas como la estela de polvo que cae de tu estrella cuando el mar sacude el reflejo de nuestra luna y se lo echa por encima cual desden disimulado.
La infancia fracturada, los sueños repujados en poesía, un violín al pecho cual amor en la sombra, un canto herido desbandado por el tiempo… ¿Todo esto cabe en una cajita bajo la cama?
Ayer escuche a la noche gemir tras la ventana, pero como no abro las cortinas hasta no intuir la luz del día, no supe por que lo hacía. ¿Sería una ceniza de historia, la que arañaba su mirada? ¿O simplemente el frío de la infame inconciencia nuestra que la jode a punto de desgracia?
Cante al sol un latido sobreviviente en mi madrugada, me despoje de las cigarras que traen locura bajo la almohada y resucite el pecho erguido de una guerra taciturna; dije después: ¿Qué poesía es esta? ¿Que ni yo mismo entiendo?
Trabaje una palabra satisfecha en mi propia vanidad y volví a la vida con una sonrisa en respuesta que, a final de cuentas, para eso viene uno aquí… Para vivir.
